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miércoles, 9 de octubre de 2019

Excursiones de otoño: Aranjuez.


En mi familia (soy Ana) tenemos la costumbre de hacer una visita a Aranjuez en otoño  Es la época en la que más bonitos están sus jardines, que se llenan de colores, y si coincide un día templado y soleado, pasear por ellos es un gustazo. 


Aranjuez está a unos 40 minutos de Madrid en coche, y a unos 45 minutos en tren de cercanías desde Atocha. Por esto es una excelente opción para hacer una excursión de un día si vives en Madrid o alrededores. Nosotros fuimos en coche y aparcamos en este punto, cerca del Palacio Real, que vimos un descampado con bastantes coches aparcados.


Antes de comer dimos un paseo por el jardín del Parterre, los alrededores del Palacio Real, el jardín de la Isla, la Casa de los Oficios y Caballeros o la plaza de las Parejas. Si queréis visitar el Palacio Real por dentro, en esta página tenéis toda la información de días y horarios de apertura, y precios de la entrada. La entrada a los jardines es gratuita y libre. 


Después de darnos ese paseo por los alrededores del Palacio, teníamos una reserva para comer. Preferimos reservar porque era sábado y había bastante gente visitando Aranjuez. Comimos en un sitio que se llamaba La Pitaya, que nos gustó bastante. 


Después de comer estuvimos bastante tiempo paseando por los Jardines del Príncipe. Hacía muy buena temperatura y sol, y el colorido en los jardines era espectacular. Aquí se puede ver la Casa del Labrador, el estanque de los Chinescos o varias fuentes como la de Apolo o la de Narciso. 

Tras este paseo tan agradable y con un montón de fotos en la tarjeta de la cámara, volvimos a coger el coche de vuelta a casa. 

lunes, 30 de septiembre de 2019

Excursiones de otoño: el castañar de El Tiemblo.

El Tiemblo es un pueblo de la provincia de Ávila que está a una hora y media en coche desde Madrid. A poca distancia del pueblo (pero a muchas curvas de carretera) está su famoso castañar un precioso bosque de castaños que en otoño se tiñe de muchos colores. La época ideal para visitarlo suele ser a finales de octubre o principios de noviembre, aunque suele ser cuando más visitantes tiene.


Nosotros fuimos hace tres años, cuando la chiquinina sólo tenía 18 meses. El domingo 30 de octubre nos liamos la manta a la cabeza y nos fuimos a comer a El Tiemblo, igual que media comunidad autónoma... Queríamos subir al castañar al llegar, pero al resto de madrileños se les debió ocurrir la misma idea, y cuando llegamos había una cola de coches  importante para subir al bosque. Así que nos fuimos a tomar tranquilamente el aperitivo en una terraza, que también es una experiencia muy recomendable. En Ávila  como el Salamanca, te ofrecen con la bebida una buena tapa que puedes elegir de entre las que tengan. Después de probar unas ricas patatas revolconas, fuimos a comer una buena carnaza de Ávila (menos mal que reservamos para comer porque estaba hasta arriba el pueblo). Comimos muy bien en el restaurante del hotel Toros de Guisando. Y después de comer subimos a dar un paseo para bajar todas las delicias que nos habíamos metido en el cuerpo.


Antes de subir tuvimos que pagar el acceso al castañar, que en otoño y los fines de semana son 2€ por persona y 6€ por coche. También se puede subir desde la entrada a la carretera de subida en autobús por 2€. El bosque es precioso y había muchísimas castañas, aunque no puse mucho empeño en coger porque ya habíamos comprado un kilo en el pueblo. Hay gente que se lleva cestas para recoger castañas y setas.


Hay una ruta circular bastante sencilla, apta para todos los públicos, que discurre por un sendero ancho y está bien señalizada. Nosotros sólo recorrimos una parte porque la chiquinina era muy pequeña (acababa de aprender a andar hacía tres meses) y también íbamos con la abuela, que no es muy de campo. Pero disfrutamos un montón el pequeño paseo que dimos. Eso sí, estaba el bosque como la Gran Vía.

El castañar de El Tiemblo es una excursión de un día ideal para hacer en familia en otoño, aunque si no os gusta compartir la experiencia con mucha gente  mejor visitarlo entre semana o en otra época.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Excursiones de otoño: la laguna de Peñalara.

Damos la bienvenida al otoño con esta excursión campestre que hicimos por la sierra madrileña.

Laguna grande de Peñalara
Un domingo cualquiera de octubre hace un par de años, nos fuimos con nuestros amigos Andrea y Manuel a la laguna grande de Peñalara. Nos fuimos con la calma, como a las once de mañana, con la idea de comer arriba, así que no es raro que cuando íbamos por Villalba viésemos carteles que decían que el parking del puerto de Cotos estaba completo. Eso no nos echó atrás y, desafiando a los luminosos informativos, nos plantamos en el parking y encontramos sitio a la primera. ¡Toma!

Inicio de la ruta
La laguna grande de Peñalara es una laguna glaciar que está en un circo glaciar, dentro de un parque natural protegido. La ruta para llegar hasta ella es apta para todos, y eso la convierte en una excursión perfecta para hacer con niños. Desde el mismo parking de Cotos ya sale el camino que va a las lagunas y está muy bien señalizado. Al principio es una pista forestal ancha, pero después hay tramos que es bastante estrecha y con rocas, así que no es apta para ir con carrito de bebé (aunque a algún valiente vimos intentándolo). Nosotros, si vais con bebé o un peque que se puede cansar de andar, os recomendamos portear con un portabebés ergonómico o una mochila para toddlers. Al principio vas a través de un bosque de coníferas a la sombra, pero en cuanto salimos del bosque el sol otoñal se hizo notar y fuimos en manga corta casi todo el camino. Importante llevar gorra y crema solar para no quemarse ya que después del bosque hay pocas sombras.

Vistas al salir del bosque
Para llegar a la laguna grande, que es la ruta más sencilla, son seis kilómetros ida y vuelta. Unas dos horas en total, un poco más si vas con peques que se van entreteniendo y explorando todo lo que llama su atención. Los últimos 500 metros son los que tienen más desnivel, pero discurren por una pasarela de madera con escalones para subir, ya que es una zona de máxima protección. No se puede salir de la pasarela para preservar el paisaje y la flora, y alrededor de la laguna grande también hay zonas que no se puede pasar.

Puente hacia la Laguna de los Pájaros 
Pasarela para proteger la zona
Una vez que llegamos a la laguna, buscamos un sitio donde descansar, disfrutamos de nuestros bocadillos y nos relajamos un rato antes de emprender la bajada, que es igual de sencilla que la subida. La chiquinina, como ya estaba cansada, hizo la última parte de la subida y casi toda la bajada en la mochila. Tan feliz.

Momento bocadillo
Chiquinina feliz en su mochila
Esta ruta, como hemos dicho, nos parece una excursión de un día perfecta para el otoño, cuando ya no hace mucho calor pero los días pueden ser templados y soleados aún.

viernes, 2 de agosto de 2019

Visitar los campos de lavanda de Brihuega.


Desde hace unos años cada vez es más conocido este pequeño pueblo de Guadalajara, que se ha convertido en uno de los mayores productores mundiales de esencia de lavanda y que en julio atrae a muchísimos visitantes en busca de una foto que no tiene nada que envidiar a los campos de la Provenza.

Nosotros nos acercamos el sábado 13 de julio y los campos estaba en plena floración. La visita a los campos se puede realizar de dos maneras: a través de las excursiones organizadas por el propio ayuntamiento de Brihuega (toda la información y la reserva de entradas aquí). Estas visitas se realizan durante los fines de semana del mes de julio, que es cuando se produce la floración, y salen a las 19 y a las 20.30 horas del parque municipal Maria Cristina. La excursiones duran una hora aproximadamente y tienen un precio de 4€, incluyendo el desplazamiento en autocar a los campos de lavanda, la visita interpretada por guía especializado, tiempo libre para realizar fotografías y un pequeño ramo por persona. El inconveniente de esta opción es que hay que reservar con tiempo, ya que se agotan bastante rápido.



Ante esta circunstancia, tenemos la segunda opción, que es la que hicimos nosotros: hacer la visita por tu cuenta. A los campos se llega fácilmente. Están a cuatro kilómetros del pueblo y en escasos cinco minutos en coche, llegas. La localización exacta es aquí. Antes de llegar ya vas viendo los campos florecidos, bien morados, así que no tiene pérdida. Están en una recta larga de la carretera y hay señalizado un aparcamiento en el lado derecho según vas desde el pueblo. También se puede aparcar en el lado izquierdo justo enfrente del aparcamiento, pero está menos señalizado. El aparcamiento es gratuito y hay una caseta de información. Una vez dejas el coche allí, se cruza andando la carretera y ya te puedes internar en los campos y hacer todas las fotos que quieras.


Nosotros después de la visita fuimos a comer al pueblo de Brihuega. Comimos en el Asador el Tolmo. pero comimos unas raciones en su barra porque estaban completos. Así que si vais a hacer la visita y después comer por la zona os recomiendo reservar antes. Aún así comimos estupendamente unas mollejas que estaba riquísimas y unas patatas revolconas, que esperábamos que fueran como en Ávila, Salamanca o Cáceres, pero allí al parecer son más parecidas a los huevos rotos.

Todo el pueblo de Brihuega se viste de morado. 
Después de comer nos acercamos a ver Sigüenza, que no lo conocíamos, y nos encontramos con un festival medieval. Había puestos por la calle, atracciones para niños, grupos de música y gente disfrazada. Muy buen ambiente. La ciudad nos gustó mucho, tanto que nos gustaría volver y visitarla con calma. Aunque si lo hubiéramos planificado con calma (se me ocurrió a mi ése mismo día por la mañana y cogimos el coche a la aventura), un buen plan de fin de semana podría ser visitar los campos de lavanda y dormir en el parador de Sigüenza.

Un ambiente muy animado en Sigüenza.
A pesar de la poca planificación, nos ha parecido que es una estupenda excursión para hacer desde Madrid.